domingo, 30 de noviembre de 2008
Patria...
Fragmento del Poema Patria, Ricardo Miro
Terminar el mes de la patria y esta vez, sí quisiera hablarles de algunas de las cosas que considero importantes.
Pero ¿qué es la Patria?, realmente no necesitamos buscar su significado en el diccionario, para nosotros como dice la canción, “patria son tantas cosas bellas”. Son aquellas cosas que cuando estamos lejos de casa nos traen los recuerdos de nuestra tierra y nos hacen sentir nostalgia, es aquella risa franca y espontanea de nuestra gente, su tan peculiar forma de ser y sus palabras tan panameñas como un "Ayala vida" o un "Chuleta", que cuando las escuchas en el extranjero inmediatamente sabes que el que las dijo o es panameño o vivió en Panamá y "Se le pego".
La anécdota es la de unos compañeros que viajaron a un curso de entrenamiento y al llegar bulliciosos y contentos a desayunar empezaron a relajear en voz alta, digámoslo como es debido "empezó la grubeadera y el desorden". Una chica en la cafetería se les aproximo y sin mas les pregunto "Disculpen, ¿ustedes son de Panamá?". Pueden imaginar las caras de todos al verse "descubiertos" por su comportamiento... un tímido “sí” general fue la respuesta y la chica con una sonrisa contesto "Yo soy de Bethania", "Ayala maquina fren siéntate y cuéntanos como estas pela". El panameño es panameño donde quiera que vaya.
La Patria puede ser representada de tantas formas y maneras en nuestra mente, pero creo que sin temor a equivocarme lo que más nos conecta físicamente con nuestra tierra, con lo que somos, con lo que nos representa, es una Bandera. En nuestro caso es una bandera roja blanca y azul que para cualquiera que se precie de ser panameño es la bandera más bella de todas. Para otros la bandera es solo un pedazo de tela de colores, pero para muchos es lo que nos identifica, lo que con orgullo nos dice de donde somos. Es como nuestro apellido, sin el solo tendríamos un nombre, sin bandera no tendríamos patria.
Es la bandera que cada noviembre desplegamos con orgullo por todas las calles de nuestras ciudades y nuestro país. Siempre recordare mi primer viaje fuera de casa y al volver cansado de tanto trajín en el camino abrí los ojos y al mirar por la ventana pasábamos junto a una escuela donde ondeaba hermosa mi bandera. Dentro de mí despertó un sentimiento indescriptible, un sentimiento comparable solo con el abrazo que di a mis padres justo antes de partir, (claro por aquello de las posibilidades de no volver). Me quede mirando esa bandera movida al viento en esa mañana de verano y me dije "ya estas en casa".
No entiendo como una joven señora va en la calle con su niña un 3 de noviembre y la niña le dice "Mami quiero una bandera", la respuesta me deja atónito: "Camina... no te voy a comprar ninguna pendejada", ¿Que clase de madre niega a una niña una bandera?, La misma madre que quiere un futuro para sus hijos, yo solo espero que esa joven señora se molestara en conseguirle un apellido a su hija, pues por lo visto le esta negando una patria.
Igualmente para muchos no significa nada, y piensan que como en otros países pueden hacer lo que les venga en gana con ella. Como sucedio recientemente en un programa de televisión matutino de entretenimiento, donde un pseudo-luchador profesional tiro la bandera panameña al suelo y procedió a pisotearla. Realmente no vi el incidente, doy gracias por eso, pues de haberlo visto ese día hubiera sido uno de esos días. No se que acciones tomaron los productores contra los “artistas del entretenimiento”, yo en el lugar de los productores del programa hubiera pedido excusas a toda la ciudadanía por semejante incidente tan bochornoso. No podemos culpara a los pseudo-luchadores, pues no tienen la culpa que sus cerebros sean inversamente proporcional al tamaño de sus músculos, ellos no sabían lo que hacían, a parte, explicárselos es como querer enseñar aritmética a las hormigas.
Este año esa bandera a simbolizado tantas alegrías, verla elevarse en un lugar tan distante de casa, en un "Nido de Pájaro", verla ondear al compás de nuestro himno nacional, bajo la atenta mirara de miles de personas y por sobre todo ver aquella felicidad en el rostro de un humilde deportista, medalla dorada al cuello, ganada a base de sangre, sudor y lagrimas, él consigue entregarnos un sueño a cada uno de los que nos identificamos con esa bandera. Otras delegaciones pueden llevarse 20 medallas, pero para nosotros 1 sola vale por 100. Es que hay que ser panameño para entenderlo.
La gente ama los colores que representan a su patria y lo ves en la gente que con orgullo luce la camiseta de la selección nacional de futbol, que como cada año hace su mejor esfuerzo por conseguir el preciado objetivo. Fallando desastrosamente es cierto, pero no se dejan amilanar e igualmente cada aficionado sigue apoyándolos esperando con ansias poder ondear la bandera con la alegría de la victoria. Pero no es que tengamos los peores jugadores del mundo, eso si que no, cada muchacho de esos vale por dos o tres de los del equipo contrario, nadie a parte de ellos y sus familias conocen sus sacrificios. El detalle es que podemos tener muy buenos jugadores pero también tenemos a los peores dirigentes deportivos. Hacer que esa combinación de factores resulte efectiva es difícil pero no imposible. La perseverancia hace milagros y no importa "que tanto perdemos en una derrota", lo que importa es lo "que aprendemos de cada una de ellas". Igualmente hay que disfrutar cada intento.
"Pero yo quiero bandera mía, que cuando me toque por fin, marchar, que cubra entonces mi huesa fría tu lienzo adorado y descansar."*
Muchos crecimos cantando o escuchando esa frase cada noviembre y la verdad yo nunca llegue a entenderla hasta que un buen día leyendo un libro descubrí parte del significado de esa frase. Parte del valor de una bandera.
La noche del 20 de diciembre de 1989, en la batalla por la toma de la Base Naval de Cocosolo en la provincia de Colón, los efectivos del desaparecido ejército panameño despertaron sorprendidos por el fuego de artillería y ametralladoras que destruían la base. Los sobrevivientes lucharon desesperadamente por salir de la base, ponerse a salvo y responder al ataque. Mientras los helicópteros afuera barrían con todo lo que veían moverse en tierra. Luego de incontables minutos el fuego de los helicópteros se desvía hacia el mar y gracias a eso tenemos el relato de los sobrevivientes de una guerra y una batalla que para muchos no tuvieron sentido y que no debieron suceder.
¿Pero que tiene que ver esto con una bandera, o con la patria?
La Patria también es el honor y el valor que das, a tus compañeros, a tus hermanos y a tus amigos, y los sacrificios que estés dispuesto a hacer y como te recuerden después que tus días terminen.
Semanas después de la batalla, una de tantas familias angustiadas que buscaba noticias de sus familiares, encontró la amarga respuesta en una tumba solitaria en un cementerio en Colón. Su familiar no fue puesto en una de las tantas fosas comunes. El Subteniente Manuel de Jesús Castillo, había caído en combate la noche del día 20, al tomar una lancha patrullera en la base naval de Cocosolo, llevarla al mar, responder el fuego y así desviar el fuego de los helicópteros atacantes lejos de la base. Luego que su cuerpo fuera recuperado por el ejército estadounidense, estos ordenaron, que fuera sepultado en una tumba a parte, envuelto en la bandera panameña de la patrullera "Ligia Elena". Así los soldados estadounidenses rendían respeto a Castillo por su valentía, al responder al ataque y salvar a un numero aun desconocido de compañeros.**
La bandera de mi país, que ondea orgullosa en lo alto de un cerro llamado Ancon. No importa de qué ideología política, religión, raza o clase social u otras hierbas aromáticas seas. Es lo que nos representa como país, como nación. Es la que representa a tu patria, llévala con orgullo en tu corazón y has que tus acciones digan que realmente mereces ser llamado panameño, y que panameño no implique el estereotipo del "juega vivo". Has que implique que tu eres una clase diferente de gente, gente que le importa otra gente, gente que hace la diferencia entre "quisiera hacer algo y voy ha hacer algo".
La Patria para mi generación implica tantas cosas. Sueños, luchas, lagrimas tanto de alegría y de tristeza, pero por sobre todo representa las ganas de "echar pa’lante" y poder cantar orgullosos "alcanzamos por fin la victoria".
Galen M.
(*) La Bandera Panameña, Letra: Ignacio De J. Valdés Jr. Música: Alberto Galimany
(**) Relato tomado de “El libro de la Invasión”, Pedro Rivera y Fernando Martínez, Editorial Tierra Firme. Año 1998.
sábado, 22 de noviembre de 2008
Por sus acciones los conocerás…
Hace unos días, estaba sentado en casa viendo televisión cuando llegaron de la calle mi hermana y mi pequeño sobrino, nada más llegar mi hermana entregó al inquieto niño de dos años un paquete de chocolates, de esos que son de muchos colores, sí sí esos, los de las doble letra, ok claro que no diremos el nombre, ello no nos patrocinan en este espacio, yo sé que ustedes saben cuales son. Mi sobrino se sentó a ver la televisión junto a mí, y en pocos minutos dio buena cuenta de los chocolates, al terminar mirándome fijamente me dijo:
- che cabo...
A lo que yo le contesté:
-Si ya se acabó, bota de ese papel y no lo dejes por allí.
Realmente no me gusta tratar a los niños como niños, pues siento que ellos son como esponjas de conocimiento, absorben información de cada cosa que escuchan, ven o sienten a su alrededor. Nos comprenden mucho mejor de lo que nosotros creemos, pero vaya sorpresa que me lleve. El pequeñito se levantó, fue hasta el área de la cocina, activo la tapa del depósito de basura y lanzó dentro el paquete vacío, como buen niño se limpió las manos con su pantalón y se fue a jugar con sus carritos.
Ahora bien ¿por qué les cuento todo esto?
Pongamos atención un momento en la escena. Un niño de dos años que sabe que un paquete vacío de chocolates se considera basura y sabe que debe desechar el paquete. Lo más importante, es que él sabe dónde tirar el paquete vacío, ¿Acaso será cierto que los niños de estas últimas generaciones son gente grande en cuerpo chiquito? Tú los ves como te conversan y se manejan, te cuentan todas sus aventuras, sufren de depresión, estrés y ni siquiera saben leer. No entiendes nada de lo que te dicen pero se comportan como una persona adulta contándote el mejor de los cuentos.
La pregunta importante: ¿cómo él sabe que tiene que tirar la basura en su lugar?
La respuesta sencillamente debe ser que alguien le dijo que la basura se coloca en el basurero, o simplemente vio a los adultos que lo rodean botando la basura en su lugar.
Demos ahora una vuelta por la ciudad, nuestra bella ciudad, nuestra bella ciudad que en la mayoría de sus calles, aceras y avenidas puedes apreciar una multicolor colección de desechos de toda clase, desde la tarjetita plástica de prepago de celular usada, pasando por el papelito de colores donde se puede leer "gana dinero trabajando desde tu casa", la bolsa de plástico de la tienda “tal o cual”, y hasta los restos de un almuerzo contenido dentro un plato desechable de poliestireno.
¿Pero cómo todos estos desechos llegan a parar a nuestras calles? Obviamente la respuesta es que alguien los tiro allí. El problema de la basura en la ciudad es de vieja data, presente en las noticias y hasta en las campañas electorales, lo que me recuerda lo hermosa que se verá nuestra ciudad en pocos meses, cubierta por miles y miles de multicolores banderas políticas, vallas, afiches, pósters, pinturas y papeletas que nos anuncian a las personas que resolverán todos nuestros problemas por los próximos cinco años. Muchos dicen que los políticos no cumplen lo que dicen, ellos dicen "dame tu voto y te daré trabajo", ¿Quién dice que no cumplen?¿Acaso "pasar trabajo" no es lo que recibe el pueblo apenas los eligen? Allí esta el detalle, nos hacen pasar trabajo los próximos cinco años y nadie puede decir que no cumplieron.
Volviendo al tema y disculpen la habitual interrupción.
¿Se han preguntado ustedes por qué la gente tira basura en la calle? ¿Les es tan difícil encontrar un bote de basura y colocar los desechos dentro? ¿Es una cuestión de educación o de costumbre?
Esta es la misma basura que aquella persona que saborea su refresco o su delicioso almuerzo compuesto por un peso de patacones y un cuara de carne, con un experto movimiento de mano termina arrojando el vaso de plástico y el cartuchito rojo en el suelo. Es también la señora que le compra una galleta a su niño en el autobús, convencida por la publicidad del vendedor ambulante que anuncia “lleeeeegaron las ricas galletas de chocolatefresa (yo solo espero que ese sabor tan particular no sea producto de manipulación genética) con fecha de “espiración atrás”, lleve pa la casa, su hijo o hija le preguntara “papi mami que me trajiste”, llévela, lleve la galleta e chocolatefresa”. Al terminar el niño con su galleta, la misma señora le dirá al niño que tire el papel por la ventana del autobús, para no ensuciar el autobús claro esta. Esta es la misma basura va a dar al canal de drenaje, de allí poco a poco se va uniendo a la basura de otros hasta convertirse en aquella masa de desperdicios que termina en la alcantarilla más cercana. Es aquí donde inicia un gravísimo problema.
Como todos sabrán en nuestro país llueve, y cuando digo llueve, es por que LLUEVE en letras mayúsculas.
Toda esta basura pequeña, sumada a las bolsas de basura completas, los colchones usados y hasta las neveras y estufas dañadas simplemente terminan por crear represas de desperdicios en los canales de desagüe o los ríos que atraviesan la ciudad, que aunado a la voraz necesidad de construir nuevos edificios en la ciudad, utilizando espacios de ríos y quebradas, terminan solo esperando el momento de la siguiente lluvia torrencial.
¿Y qué pasa después de la lluvia? La típica inundación de calles, avenidas y hasta de barriadas completas bajo el agua. Luego podemos ver a ciudadanos histéricos en la TV culpando a las autoridades que no hicieron nada por evitar el problema, autoridades que no recogiendo la basura, la basura que a estas alturas es “basura huérfana”, pues no hay nadie que se haga responsable de ella, no fue ni es de nadie, solo es basura.
Mi teoría es que el ciudadano común arroja basura en la calle simplemente porque puede. Si no pudiera quisiera hacerlo. Si el gobierno se lo impidiera, sería represión y coartaría sus derechos como ciudadano a tener una ciudad tan sucia como el quisiera. El ciudadano tira basura a la calle porque puede hacerlo, no hay nada ni nadie que le prohíba hacerlo. A cualquiera que le preguntes por qué arroja basura en la calle, contestara simplemente que hay gente que le pagan por limpiar las calles, el simplemente esta ayudando a que esta gente se gane un sueldo. Me pregunto si podría yo ir a casa de estas personas y lanzar toda la basura que me dé la gana en medio de su sala o comedor, pues yo sé que esta persona puede recoger mi basura.
El gobierno municipal que coloque inspectores en las calles y que les de la potestad de cobrarles en el acto un balboa a cualquier ciudadano que sea sorprendido lanzando basura en la vía pública, será el gobierno municipal más odiado de nuestra historia patria. Igual tendríamos que lidiar con el inspector que te diga "pasa un cuara y nos olvidamos de esto". Será fácil identificarlos entonces, el que le suena como alcancía con los bolsillos llenos de monedas es inspector de aseo.
Otra de las cosas que me extraña sobre manera es el hecho que el problema de la basura en las calles sea más crónico en algunos sectores de la ciudad y en otros simplemente no sea un problema. Solo comparen una porción de Ave. Central contra una porción de la Vía España, o una porción de Calidonia contra una de Calle 50, ¿Cuál es la diferencia?
¿Mayor densidad de población en un sector que en otro?
¿Más cestos de basura por metro cuadrado?
¿Más recorridos de brigadas de limpieza en estas zonas?
¿La gente de un área es menos o más gente que la gente de la otra área?
Hace unos años en mi primer viaje a la República de Costa Rica, tuve la oportunidad de recorrer las calles de la ciudad San José y la ciudad de Heredia, me dejó impresionado lo limpias que estaban las calles. En esa oportunidad viajaba con un grupo de compatriotas y uno de ellos compró unas frutas a un vendedor callejero. Mientras caminábamos y nuestros orgullosos guías costarricenses nos mostraban su hermosa capital, mi compañero terminaba de comer las frutas y como buen ciudadano ejerciendo su derecho lanzó las cáscaras a la calle. En ese momento uno de nuestros guías se detuvo y le dijo amablemente que recogiera la basura y la colocara en su lugar, a lo que mi compañero con una sonrisa contesto que no había ningún problema con dejarlas allí, pues las cáscaras eran biodegradables. Nuevamente el guía le solicitó recogiera la basura y la colocara en su lugar, está vez no había amabilidad en la solicitud… Sí señores que vergüenza nos hizo pasar.
Ahora bien ¿Qué nos hace diferentes a nuestros hermanos costarricenses?, ¿Será que el sistema de aseo en esas ciudades es más eficiente que el nuestro?, ¿Tienen ellos mayor conciencia ciudadana y saben qué la adecuada eliminación de la basura que ellos generan es responsabilidad de ellos y no del gobierno?, ¿Será acaso que ellos tienen una mejor selección de fútbol?, ¿Será que nosotros tenemos una Latin American Idol 2008 y ellos no?
Creo que la diferencia la hace nuestra actitud, nuestra forma de ser. Nadie puede culparnos de ser lo que somos, pues simplemente nos criaron así, o crecimos viendo la actitud de otros y la dimos por buena.
Aquí les dejo con estas preguntas y reflexiones. Espero las recuerden la próxima vez que tengan algo que tirar. Claro que espero no sean uno más de aquellos que mencione en las líneas de arriba y espero que coloquen la basura en donde deben, que orgulloso estoy de mi sobrino. También espero que no sientan la instintiva y compulsiva necesidad tirar eso a la calle con el pretexto de que están ayudando a alguien a ganarse el sueldo.
Galen M.
martes, 18 de noviembre de 2008
"El respeto al oído ajeno es la paz."
Olvídenlo, no importa la hora, es el momento de enfrentarse al tráfico, y al decir tráfico recuerden que me refiero al “tranque nuestro de cada día”. Es el momento en que la mayoría de los pasajeros de cualquier autobús aprovechan para descansar, todos sabemos que es un peligro el dormir en uno de nuestros queridos Diablos Rojos, ya sea por que pueden robarte o en el peor de los casos estarías dormido en el momento de iniciar el viaje a tocarle la puerta a San Pedro, pero ¿realmente podemos pedirle más a personas que se levantan tres o cuatro horas antes de la hora de entrada a sus trabajos para llegar a tiempo o quince minutos tarde? Es el momento para descansar un poco, cerrar los ojos y dejar que el murmullo del tráfico nos haga dormitar.
Qué bonito sería poder sentarse en un autobús, cerrar los ojos, descansar y tener la certeza que el autobús te llevará tranquilo y seguro a tu destino, o en cambio abrir un libro, las copias de la U o el informe pendiente del trabajo y leerlo tranquilamente, o simplemente sentarse a mirar por la ventana disfrutando el panorama.
Todo esto podría ser una realidad, claro está, en el caso de que tuviéramos un sistema de transporte público medianamente decente. Pero esta tranquilidad también se ve afectada por algunos ciudadanos comunes que no tiene el mínimo de consideración con los demás ciudadanos con quienes comparten un autobús.
No se a cuántos de ustedes les ha pasado, pero para mí es bastante común el viajar en autobús y repentinamente escuchar como se rompe la tranquilidad del viaje, cuando un pasajero sacando su celular comparte con todos la última selección musical que ha descargado a su teléfono. Generalmente resulta ser una mezcla de los grandes éxitos de todos los tiempos de los máximos exponentes del reggae nacional y del reguetón internacional.
Claro que para nosotros como ciudadanos de a pie es lo más común actualizar nuestros conocimientos musicales en dichos géneros en los autobuses públicos. Este derecho a saber cuáles son los últimos éxitos en el ambiente musical nos fue coartado cuando la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre, cansada de las múltiples quejas de los usuarios del transporte público en relación al excesivo escándalo de los equipos de sonido en los autobuses, decidió girar órdenes a sus inspectores para decomisar a los chóferes de autobús todo aparato de sonido, bocinas o cualquier equipo que perturbar a la tranquilidad de los usuarios.
No tengo nada en contra de que otro ciudadano tenga a bien hacerme conocer cuáles son sus preferencias musicales, pero esto se agrava cuando más de un ciudadano nos quiere hacer conocer dichas preferencias. Es el momento en que podemos recrear un típica escena, donde al final del autobús puedes escuchar "pásame la botella, voy a beber en nombre de ella...", a la mitad el autobús puedes escuchar una voz de acento extranjero decir "un osito dormilón le regale, y un beso al despedirse ella me dio..." Y al frente del autobús un alegre acordeón acompaña un " yo quiero mi chola y ella dice que me quiere...".
Pueden ustedes imaginarse el caos mental al que se ven expuestos los cansados pasajeros del autobús al intentar seguir alguno de los ritmos que escuchan, y no conformes con esto, nuestros modernos DJs suben el volumen de sus equipos intentando escucharse por encima del volumen de sus compañeros. ¿Qué pasará por la mente estas personas? ¿Acaso no se dan cuenta lo estresante que puede ser para cualquiera el tener que aguantar semejante escándalo? ¿Acaso ellos no tienen que llegar a casa exhaustos después de un interminable día de trabajo o un día completo en la U para cocinar, atender a los niños, preparar la presentación de metodología de la investigación o arreglar el abanico dañado?
Muchas veces me he visto tentado a preguntar a alguno de estos DJ's:
- "¿Cuánto le costó ese celular?"
Imagino que el propietario del escandaloso aparatito, orgulloso de su compra, me contestara que varios dólares.
A lo que yo contestaría:
- "Yo creo que le estafaron, a ese precio ese aparato tenía que haber traído audífonos..."
Pero recuerden amigos "El respeto al derecho ajeno es la paz."
Galen M.
sábado, 15 de noviembre de 2008
Bueno es oficial… Llego la navidad.
Sí, sí ya se que aun es la segunda semana de noviembre, pero desde la primera semana de noviembre, ninguno de nosotros puede ignorar la lucha cuerpo a cuerpo que libran las banderas nacionales, los escudos y los listones tricolor, contra las esferas de colores, los arbolitos, los carámbanos, los bastones de dulce y hasta el propio Santa en cada vidriera, vitrina o escaparate de muchos comercios, tiendas o algunos de los Malls de la ciudad.
¿Dónde quedo el orgullo patrio?
No que va, no vamos a hablar de patria. Si alguien quiere saber sobre la Patria que escuche a Rubén Blades, “Patria son tantas cosas bellas”. Hoy me gustaría hablar de aquel compulsivo sentimiento que nos impulsa a gastarnos hasta lo que no tenemos en obtener el ultimo juguetito tecnológico, la ultima ropita del catalogo otoño-invierno (sí, sí yo sé que aquí no hay estaciones, aquí solo llueve o no llueve), el par de zapatos o zapatillas de moda, el polo del cocodrilito verdecito que es lo máximo, cualquier cosita brillante que tenga la silueta del osito de moda o quien sabe que otra cosa que nos haga sobresalir entre la “bola de plebeyos” que nos rodean.
En teoría la navidad lleva implícita aquel hermoso sentimiento que paz y amor para todos los hombres (y mujeres) de buena voluntad. Es para los católicos el tiempo en que la promesa de Dios llego a nuestro mundo en la figura de un niño nacido en la forma más humilde que recuerda nuestra historia, pero hacemos un alto aquí, pues tampoco estamos para hablar de religión.
¿Cuál es la causa de esta compulsión, este deseo insano de gastar nuestro dinero, y algunas veces gastarnos el dinero que aun no es nuestro, en cosas que “tal vez” necesitamos, pero que nos hacen sentir realizados?
Repitiendo las palabras de una amiga, ella tiene en su cartera una MonsterCard, su MonsterCard se encarga de devorar su cheque de quincena apenas se lo entregan.
Ahora en serio, ¿Qué es lo que nos impulsa a comprar?
Será que muchas veces nos sentimos mal por no tener cosas caras, eso puede ser síntoma de baja autoestima o que emocionalmente estamos carentes, necesitamos llenar espacios de cariño con cosas caras, y cuando hablo de cosas caras me refiero a todo aquello que tenga una marca reconocida.
Hablando de marcas, estamos en un país libre y cada quien tiene la potestad de tener lo que le de la gana y vestir como le de la gana. Si caminas por las calles de la ciudad podrás notar que no importa la condición social de los ciudadanos, veras que la gran mayoría lucirá algo con una marca, un logo o un emblema. Entiendo como un joven de polo gastado color azul y pantalón jeans va por la calle con un reloj suizo de $ 600.00 o aquel que viaja en el autobús cubriendo con una toallita tipo busero (la de rayitas de colores en fondo blanco) un celular 3G de la marca de la manzanita $ 950.00, quiero pensar que ahorraron todo lo que pudieron para adquiríos.
Pero ¿Como lo hacen jóvenes de estratos más humildes y que vienen de zonas de alto riesgo social?, Los ves vestidos con las últimas modas que “llegan del norte”, luciendo como si fueran extras para un nuevo video “50 Cent” o de “Daddy Yankee”. Ojo no estoy diciendo que ellos no tengan los mismos derechos, estoy preguntando ¿De donde sacan los recursos para hacerlo?, ¿Sus padres se esforzaran y trabajaran lo suficiente para complacer a su hijos y vestirlos de esa forma?, ¿Ellos trabajaran medio tiempo para conseguir el dinero que necesitan para el mismo fin?, o ¿Será que se ven obligados a robar o entrar en negocios ilícitos para conseguir lo que quieren? Igual me toca pensar que tal vez el chico del reloj suizo o el del celular 3G, pudieron haberlos adquirido de forma ilegal.
En mi caso particular mucha gente que me conoce podría atestiguar las veces que me ha visto usar algo de marca, serian muy pocas veces. Siendo honesto mucha o gran parte de mis cosas son de marca reconocida, por tanto no son nada baratas. Pero la diferencia es que, para entrar en mi rango de compra debe cumplir un protocolo:
1. Debo necesitarlo.
2. Debe gustarme.
3. Debe ser de calidad y duración comprobada.
4. Debe ser funcional, quiero decir que lo puedo usar en diversas situaciones.
5. No debe tener marcas, logos o emblemas visibles.
Este ultimo punto es uno de los más importantes pues es muy difícil de cumplir, pero mi concepto es el siguiente: Sí ya yo pague un costo alto por mercancía de buena calidad de una marca reconocida, ¿Estoy forzado a promocionar la marca? ¿Soy modelo internacional? ¿Debo ser un anuncio publicitario móvil viviente? ¿Me están pagando estas marcas por hacerles publicidad?
La respuesta a estas cuatro preguntas es un rotundo No.
Pero esas preguntas encierran una de las grandes verdades a las que nos vemos expuestos y algo de ¿El por qué hacemos lo que hacemos?, la respuesta… Publicidad.
Cada día somos bombardeados de publicidad en cada uno de los medios de comunicación que el ser humano a creado, excelente publicidad, publicidad buena, publicidad mala, publicidad mediocre, pero al final es publicidad que muchas veces nos afecta sin que siquiera lo notemos, haciéndonos pensar que necesitamos tal o cual cosa para sentirnos bien y ser felices.
Sobre este tema hace poco me encontré cenando en una de los grandes Mall de la cuidad, el más exclusivo según nos lo vende la publicidad. Mientras cenaba y meditaba sobre el inevitable arribo de la navidad, las fiestas de diciembre y el final de un año de esperanzas, éxitos y fracasos, me quede observando una pantalla gigante, compuesta de múltiples televisores plasmas colocados en orden para proyectar imágenes gigantes.
Iniciaba un comercial donde podía ver a un joven caminando con una cara de tristeza, igualmente en la siguiente escena una bella chica caminaba triste y desanimada, en la siguiente escena un niño pequeño camina igualmente triste y para finalizar en una escena un señor de edad madura estaba sentado y cierra un libro que leía con rostro pensativo y triste. Hasta este punto pensé, “vaya hay una epidemia de gente triste”, en la siguiente sucesión de escenas el rostro del joven de la primera escena cambia radicalmente e inicia una desesperada carrera por subir una escalera eléctrica, la chica cambia a un semblante sonriente y camina hacia adelante, el niño observa algo y sonríe y el señor observa algo a su vez y también sonríe para si mismo y se levanta.
Hasta este punto mi cerebro empezó a terminar la idea central de las imágenes, (un mal habito que tengo, lo acepto y me es muy molesto cuando voy al cine y me hace descubrir como termina la película 30 minutos antes del final), El joven ha visto a la chica y la chica y él se conocen y están felices de verse, el niño reconoce al señor y el señor reconoce al niño, ¿será que son novio y novia los primeros y nieto y abuelo los segundos y todos están felices de verse?
Pues la respuesta nuevamente es un rotundo No.
Que ingenuo soy. En la siguiente escena el joven se abraza a un televisor plasma gigante en una tienda de electrónica, la chica se prueba un vestido en una elegante boutique, el niño se abraza a un peluche en una juguetería y el señor se sienta en un sillón reclinable en una tienda de muebles de lujo, todos sonríen felices, el comercial cierra con el logo del Centro Comercial.
¿Será que estamos mandando los mensajes equivocados y que nuestros valores como personas están errados?, ¿Será que en los centros comerciales esta la respuesta a nuestras carencias emocionales y que hay un objeto material que nos llene ese vacío existencial, y que cada quien puede comprar felicidad instantánea solo dejándonos llevar por el consumismo? ¿Y qué de aquellos que no pueden comprar esa felicidad, qué les queda, odiar a los que si pueden comprar felicidad o encontrar los medios para obtenerla, sea cuales sean estos medios?
¿Que mensaje les estamos vendiendo a todos los adultos, jóvenes y niños de todas las clases sociales de nuestro país esta navidad?
Yo realmente no sé donde esta la verdadera felicidad. Pero lo que sí sé, es que no esta en una tienda o no me la da un celular 3G de $ 900.00 dólares. Total yo tengo uno celular de $ 29.99 que aunque no tiene “Bluetooth” tiene “BlueLight” (la luz del fondo prende en azul), tiene las funciones que necesito, recibo y hago llamadas. Yo puedo comprarme el 3G pero… ver punto # 1 en mi lista.
Lo único que puedo decirles en este mes de noviembre, es que tengan una feliz navidad y un prospero año nuevo y que recuerden que estamos aquí en este mundo para aprender a ser mejores personas y que lo único que nos llevaremos mas allá del ultimo suspiro serán los recuerdos de nuestras vidas y aquello que aprendimos para ser felices.
Gallen M.