Ya casi esta por llegar la navidad y como todos saben la ciudad vive un caos colectivo, pues todo el mundo o esta en medio de un tranque o esta en un congestionado mall o los más desafortunados están aun sentados en la oficina rogando por que el reloj de la hora de final de la jornada para salir corriendo y estar o en medio de un tranque o en un congestionado mall.
La vida avanza acelerada pues falta poco para la Noche Buena, toda la vida cotidiana se trastorna a tal punto que hasta la más mínima de las cosas (pagar una deuda en una oficina o comprar algo en un almacén), se convierte en una verdadera aventura.
Pero hoy no quiero hablarles de lo que ya saben que pasa cada diciembre, hoy quiero hablarles de lo que paso un diciembre que cambio la vida de todos. El diciembre en que la navidad no llego… y en cambio llego la muerte.
Hace ya 19 años, justo este día recuerdo que todo comenzó al despertar a media noche por el ruido producido por el vuelo rasante de dos helicópteros Chinook sobre el hogar de mis padres. Recuerdo levantarme y caminar descalzo hasta la sala donde ya mi padre estaba de pie junto a la ventada. No recuerdo si había arbolito de navidad o si había regalos bajo el árbol o en el nacimiento de madera que siempre ha estado en casa. Supongo que debía haberlos, pues solo faltaban 4 días para la navidad.
Al llegar junto a mi padre, me pare a mirar por la ventana. El murmullo de los Chinook se perdía a lo lejos y la tranquilidad de esa noche fría se interrumpía por esporádicos sonidos de disparos y explosiones a lo lejos. En medio de las sombras mi padre me dijo:
“Nos están atacando….”
A mis cortos 12 años escuchando por primera vez los sonidos de la guerra pregunte:
“¿Qué vamos a hacer?”
La respuesta de mi padre mirando la ventana fue:
“Esperar a que amanezca…”
El 20 de diciembre de 1989 justo a la media noche el ejército de los Estado Unidos de Norteamérica lanzaba la operación “Just Cause - Causa Justa”, en el territorio de la República de Panamá. El principal objetivo de la operación era la captura del General Manuel A. Noriega que en ese momento era el dictador del gobierno y del ejército panameño.
Muchísimas cosas habían pasado en los años anteriores que llevaron a mi patria a este punto crucial de la historia en donde cerca de 40,000 tropas de los diferentes componentes del ejercito más grande del mundo, con cientos de miles de armas y equipos tan sofisticados que algunos de ellos se probaron en acción esa misma noche, se enfrentaron a un mal armado ejercito de aproximadamente 4,000 tropas (solo en el área metropolitana).
La historia ya esta contada, o por lo menos ya esta escrita. Aunque en nuestras escuelas no se hable de ella, pues si son curiosos pregúntenles a estudiantes de secundaria de esta época ¿Qué saben de la invasión? Las respuestas podrían sorprenderles.
Igual es mi sorpresa cuando en el extranjero alguien me aborda el tema y me dice “aaaaa sí sí eso fue hace años cuando los gringos se llevaron a Noriega”. Aun hoy día me impresiona la capacidad y efectividad de la operación de “control de medios y noticias” que desplegó el ejercito norteamericano en esos días de la invasión. Fue tan efectiva que en cada noticiero que se paso en el extranjero sobre lo que pasaba en Panamá cada uno de los reporteros leía casi al pie de la letra el comunicado de prensa dado por el ejército de ocupación. Muy poco o nada se sabe de las historias de fondo de aquellos días, mucho menos pensar en encontrar fotografías en el Internet que sean testigos de esos hechos.
Recuerdo que muchísima gente salio a aplaudir y vitorear a las tropas invasoras, otros miraban desde lejos rogando por que no pasara más nada, igual otros buscaban respuesta por sus familiares que aquella noche no regresaron (ni regresaran) a casa. Muchísimas fueron las bajas civiles aquella noche de invasión donde reino la confusión y la orden de “disparar y después preguntar”.
Algunos piensan que se debió plantar cara y resistir un poco más, que los jefes militares que se quedaron a dirigir (a diferencia de los cobardes que huyeron), no debieron ordenar la rendición a las tropas de ocupación. Muchos deben sus vidas a esa orden de rendición pues mirando los noticieros de hoy, día a día puedes ver como se acaba con la vida de cientos de civiles Iraquíes, Somalíes o Afganos sin el menor remordimiento, como si esa fuera gente de segunda que no merece vivir. ¿Acaso nunca han visto la película Black Hawk Down (La Caída del Halcón Negro)? A mi parecer una de las más cruentas y realistas crónicas de combate urbano que se ha recreado para el cine, donde se muestra por un lado el poder de fuego de un reducido grupo de tropas elites, y por otro lado el odio desmedido de la población de Mogadishu, Somalia* (para saber el por que de ese odio recomiendo leer el libro Black Hawk Down de Mark Bowden). Escenas donde casi no se puede reconocer entre Combatientes y No Combatientes.
¿Qué les hace pensar que hubiera sido diferente para ellos ametrallar todo lo que se moviera en Calidonia, Santa Ana, Paitilla o Campo Limberg? La historia en 1989 nos muestra que las tropas norteamericanas ni siquiera respetaron los Convenios de Ginebra y hasta se ametrallaron ambulancias claramente identificadas como "No Combatientes". Eso sin contar los múltiples incidentes donde autos particulares fueron ametrallados sin piedad por las tropas de ocupación, tristemente celebre el caso del autobús 120 La Chorrera – Panamá, donde en un confuso incidente, los últimos pasajeros que esa noche salían de la ciudad fueron masacrados (quien piense que es una de tantas leyendas de la invasión que me contacte y le enviare las fotos). De haber intentado resistir estoy seguro que hoy lloraríamos la muerte de muchos más inocentes.
Todo esto nos debería lleva a reflexionar sobre “¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?”.
¿Cómo, por capturar un solo hombre, se perdieron tantas vidas?
¿Cómo pudo un presidente extranjero tirar los dados del destino de gente inocente y ordenar la invasión, tan fácil hubiera sido eliminar a ese solo hombre o sacarlo del país ese 3 de octubre de 1989?**
¿Cuanto poder se puede poner en las manos de una persona?
¿Cuanto dolor pueden causar sus acciones?
¿Cuantos murieron aquella noche y días posteriores a la navidad en que la muerte llego del cielo?
Varias de estas preguntas no tienen respuesta aun, al igual que aun no se sabe cuantos más soldados norteamericanos tienen que morir en Irak y con ellos también civiles inocentes, en una guerra que al igual que la Invasión de 1989 no tiene una lógica explicación. Por lo menos la administración Bush finalmente encontró las “armas químicas iraquíes”, lanzadas de la mano de un valiente periodista en medio de una rueda de prensa.
Hoy desde este pequeño y modesto punto perdido en el ciberespacio me permito pedir un momento de silencio por aquellos que murieron esa triste noche justo antes de navidad y por todos cuanto han sufrido la perdida de alguien producto de estos hechos, hay heridas en los corazones de los que aman que nunca se cierran por más que el tiempo pase, hoy a todos ellos pido resignación, más no olvido… por que a los que se ama no se les olvida, pues siempre estarán en nuestros corazones.
“Los pueblos que olvidan sus muertos olvidan su historia, y quienes olvidan su historia están condenados a repetirla”
Galen M.
* "La Batalla del Mar Negro" (“Battle of the Black Sea”) o como lo llaman los somalies, "Maalinti Rangers" ("El día de los Rangers") se dio el 3 de Octubre de 1993. En ella perecieron aproximadamente 1,000 somalies y 19 soldados norteamericanos entre ellos muchos de los cuales habían participado en la operación Just Cause en 1989. El piloto Mike Durant del Black Hawk - Super Six Four, único sobreviviente de los pilotos caídos en Mogadishu combatió en Panamá en el Escuadrón 160th SOAR (Special Operations Aviation Regiment) encargados del asalto a la Cárcel Modelo y el ataque a la Base Aérea de Río Hato. En el ataque solo un AH-6 Little Bird del 160th SOAR fue derribado en las cercanias de Patio Pinel y su tripulación fue rescatada con éxito.
** El 3 de Octubre de 1989 un grupo de oficiales de las Fuerzas de Defensa, dirigidos por el Mayor Moisés Giroldi, jefe de la 4ta Compañía de Infantería Urraca, ejecutan un golpe de estado y toman prisionero al General Manuel Antonio Noriega en el Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa. Esperaron sin éxito que las tropas norteamericanas del 160th SOAR que habían sido avisadas del golpe descendieran en un Black Hawk y se llevaran al prisionero. Sus esperanzas se desvanecieron, al ver pasar sobre La Comandancia y luego alejarse, al helicóptero que debía llevarse a Noriega. Los líderes golpistas fueron ejecutados.
sábado, 20 de diciembre de 2008
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