domingo, 22 de febrero de 2009

TAXI…

Esa es una palabra tan sencilla y que al final implica tantas complejidades en nuestra ciudad. El taxi es el único medio de transporte que muchos conocen, claro también existe el “diablo rojo”. Pero los usuarios de taxis han adquirido un cariño tan grande por sus vidas, que este sentimiento los motiva a no exponer sus vidas subiendo a un autobús, así que prefieren viajar en un taxi. Igual el taxi es la solución final en el momento que vemos que estamos tarde, muy tarde, demasiado tarde para llegar a alguna parte.

Pero la pregunta es: ¿Son los taxis más seguros y efectivos como medio de transporte?

Pues les hablare de mis experiencias, unas cuantas solamente pues podríamos estar aquí un par de meses comentando mis vivencias. No se preocupen no será nada grave, nada que un par de años de terapia no solucionen.

En la Ciudad de Panamá existe la particularidad que contamos con un número realmente considerable de unidades de taxi, la verdad no tengo números exactos. Igual ahorita pueden estar pensando, sí claro, cuando no quieres un taxi los ves pasar en caravana y te quieren llevar aunque no quieras. Pero cuando los necesitas desaparecen o simplemente dicen la palabra que en este país los hace famosos “NO VOY”.

“No voy” es la expresión más conocida por los usuarios de taxi. Ok, no culpemos de todo al taxista, pues muchas veces se enfrenta a la decisión de tomar una “carrera” (viaje en taxi) que lo pondrá cara a cara con una infinidad de tranques y áreas realmente congestionadas, donde vera como el dinero que gasto en combustible se va haciendo humo por el escape del auto, para cuando finalmente llegue al destino del usuario reciba menos de lo que costo el combustible que uso para la “carrera”. Hemos llegado al punto donde hasta el “No Voy” ha desaparecido, los taxista solo se detiene, unos les dice a donde va y ellos simplemente arrancan sin decir nada.

Estoy tentado a usar la táctica de un amigo que al parar un taxi en la avenida le pregunta: “¿Señor cual es su ruta?”. Sería de lo más simpático y práctico ver los taxis pintaditos de amarillo con las letras de sus rutas en el cristal del parabrisas.

Igual hay personas que crecen que ya la tecnología de los autos voladores que salían en un dibujo animado de mi niñez ya es una realidad. Un ejemplo es un taxista que a las 4 de la tarde toma mi “carrera” de Santa Ana a la Base Albrook y un hombre se le acerca y dice:

- “Oiga voy aquí cerca… ¿me lleva?”

A lo que el taxista responde:

- “¿Hasta donde va?”

- “Aquí cerquita hermano… voy cerca del Moscote" (Colegio José Dolores Moscote- Parque Lefevre)

Obviamente la percepción de distancia de ese pasajero es relativamente diferente a la de un taxista y pues el taxista que me llevaba solo sonrío y puso en marcha el auto.

Eso hay que considerarlo, pero ese es el mejor de los casos. Pues en otros casos rechazar una “carrera” no es solo por los tranques, es por el lugar a donde quieren ir algunos. Áreas donde hay que entrar no con un taxi sino con un auto blindado. Realmente yo lo pensaría dos veces al escuchar “a la Vigésimo Novena etapa de Santa Librada” o “al Sector 18 de Samaria” (obviamente estoy exagerando pero es para que se sienta que eso esta más lejos que el reino de los suegros Shrek, y ni hablar de lo peligroso).

Hace unos pocos años estuve casi diariamente viajando de la Base Albrook al área de El Dorado. Casi diario tomaba taxis para hacer el viaje y en esos viajes me toco conocer una gran cantidad de conductores de taxi. Créanme hay gente que es extremadamente buena en su trabajo como taxista y eso hay que reconocerlo. Es una lastima que como en todas las interacciones humanas lo malo siempre resalte o mejor dicho lo malo sea más recordado y visible que las buenas acciones.

Pero hay que mencionar que hay cada clase de taxista que para que les cuento. En todos aquellos viajes casi llegue a sacar un doctorado en “Psicología Taxistica”, pues si algo tienen los taxistas de mi país, es su capacidad de conversar sobre cualquier tema y cuando digo cualquier tema es cualquier tema. Pudiera ser desde política, el clima, economía internacional o el más importante “mujeres”, la mayoría de los taxistas poseen una basta experiencia práctica en este tema y créanme que una que otra cosa se aprende de ellos, sobre el clima y la política claro esta. Conocimientos enciclopédicos que sin demora están dispuestos a compartir con aquel pobre ciudadano que se vea en la necesidad de quedar atrapado en un tranque junto a él.

Dicen que mientras más hagas una cosa mejor terminaras haciéndolo, entonces ¿quien me explica que pasa con los taxistas, por que manejan tan mal? En la escala de peligros que un conductor debe enfrentar en las calles de la ciudad puede ser que los taxistas estén en el lugar # 2 del raking.

A todo esto las preguntas más repetitivas son:
¿Cómo acabar con los taxistas “No Voy”?
¿Cómo puede uno estar seguro que el taxista que te lleva no es un asaltante?
¿Cómo hacer más seguro un viaje en taxi?

Pues mi sugerencia para las autoridades de transporte terrestre seria implementar los inspectores de transito encubiertos, inspectores que en la ciudad se dediquen a solicitar “carreras” a los taxistas y aquellos que se salgan con el famoso “no voy” sean sancionados.

Igualmente las autoridades junto con la Licencia de Conducir deberían expedir o exigir a las piqueras de taxis una identificación que en tamaño visible pueda verse y leerse el nombre del conductor, su foto reciente y su número de identificación, documento que debería estar en un lugar visible en el taxi. Así en caso de algún incidente el usuario tendría mayor posibilidad de identificar al chofer o en caso de subir al taxi y no ver ese documento pues el usuario tendría que atenerse a las consecuencias.

Muchos taxistas son asaltados, lesionados y hasta asesinados por la delincuencia que ve en ellos una forma fácil de conseguir efectivo. La mayoría de los taxistas de piqueras cuentan con unidades de radio para comunicarse con sus bases, pienso pudiera investigarse la posibilidad de implementar algún tipo de “botón de pánico” el cual en caso de que el taxista este en peligro, pueda activarlo y dar su ubicación a su piquera o a las autoridades. La policía no puede proteger a todos los taxistas y es una locura pensar que cada taxista deba ser escoltado por un policía. Entiendo que estas tecnologías podrían resultar costosas pero ¿Cuánto vale una vida? ¿Cuántas vidas más tienen que perderse para buscar medidas de contención o protección para los conductores?

El ser taxista es una profesión peligrosa, más si eres un taxista como el que conocí una noche hace un buen par de años atrás.

Aun estaba en la universidad y debía presentar un proyecto final. Un día antes de la fecha final, como siempre el universo conspira para hacer la vida más interesante, mi laptop sufrió un pequeño percance, el cual solo podía ser solucionado por mi mejor amigo, casualmente se había mudado a Altos de San Antonio. Como no era sencillo repararla se hizo tarde, muy tarde así que a las 2 de la mañana, desistí de la idea de esperar la reparación de la laptop. Como pude llegue a Los Pueblos donde luego de unos interminables 30 minutos en una parada frente a una calle desierta un taxi 4X4 con un taxista amante del reguee se detuvo y me dijo a gritos para escucharlo sobre la música que salía del radio:

- “¿Pa’ onde fren?”

Con serias dudas existenciales contestes:

- “Terminal de buses de El Chorrillo” (sí, sí lo admito, soy un suicida)

- “Dale pues…”

Con muchas más de mis dudas existenciales y con la posibilidad de ser asaltado a las 2:30 la mañana por un taxista, pregunte:

- “¿Cuanto hasta allá?”

Preparado para pagar por lo menos 8 o 10 dólares, con la mirada confusa y mirándome el taxista me contesto:

- “Dame 3 palos pues…”

Subiendo a ese taxi a las 2:30 de la mañana, en mi mente solo había un pensamiento “voy a aparecer en el periódico de la mañana eso es seguro”.

Avanzamos por la vía y al llegar a la entrada de Paraíso San Miguelito, un grupo de tres personas “sacan la mano” para parar el taxi. Bien dicen que el Sentido Común es el menos común de todos los sentidos. En contra del sentido común y de todas las probabilidades el taxista se detuvo y pregunto:

- “¿Pa’ onde fren?”

Uno de los hombres contesto:

- “Pa’ la 16 Chorrillo”

- “Dale pues…”

A esta respuesta del taxista mi mente empezó a armar el titular de los periódicos y casi podía imaginarme las escenas en los noticieros donde la fiscalía hacia el levantamiento de los dos cadáveres en un paraje solitario.

Créanme que ese viaje “pal chorrillo” ha sido uno de los más estresantes y memorables que he hecho. De camino solo escuchaba el cuchicheo de los tres tipos sentados en el asiento posterior. Mientras que mi suicida taxista acompañaba “las líricas” que salían del escandaloso radio del taxi. En un momento una voz llego desde atrás de mí y yo solo pensé “solo tengo una navaja, pero a uno por lo menos corto”, esperé que la voz dijera: “Pasa la plata y dale suave”, pero para mi sorpresa el hombre sentado a mi espalda solo dijo:

- “Dale valor a esa plena fren…”

Solo eso dijeron antes de llegar a la calle 16 de El Chorrillo, bajarse y pagar la suicida carrera. El chofer avanzo rumbo a la terminal a las 3 de la mañana mientras mi pulso y respiración se estabilizaban. Aparcando frente a la entrada de la Terminal de El Chorrillo antes de bajarme le di los 3 dólares acordados mientras el taxista me decía:

- “Hey fren… esos manes se veían medio cizañosos sae… yo taba medio asustao”

Antes de bajarme le dije:

- “Pues yo también lo estaba…”

A lo que el taxista contesto:

- “Pero yo tengo aquí esto pa’ defenderme fren...”

Diciendo esto el taxista saco de debajo del timón un revolver calibre 38, cañón largo pavonado, que me mostraba con una sonrisa.

- “Yo les soltaba de una…”

Bajándome lentamente del taxis le agradecí la “carrera” y diciéndome “Suerte fren” se alejo del lugar perdiéndose en la oscuridad de la noche. Definitivamente que viajar en taxi en Panamá "es casi como leer es vivir toda una aventura".

Galen M.

PD: Gracias a sus correos y mensajes llenos de buenas y no tan buenas críticas a mis escritos, créanme que todas son aceptadas con muchísimo agrado y humildad.

Pueden escribirme a deapie507@gmail.com o visitar y unirse al grupo de Facebook “De A Pie 507”, los cuales he creado para aquellos que quieran dejar sus comentarios o sus quejas.