Los hechos que relataré a continuación, aunque parezcan producto de mi imaginación, son completamente reales. Como siempre los nombres han sido cambiados para proteger a los inocentes.
Era un sábado como pocos, sin mucho que hacer, una lluvia continua pero no torrencial caía desde mucho antes del amanecer. La mañana perfecta para dormir hasta muy muy tarde, hasta que sonó el celular. Resumiendo y para entrar en materia, una amiga me llamaba pues teníamos pendiente la revisión de su computadora. Sí, yo sé que hay cosas que solo se hacen por amor, pero yo sabia que ella estaba haciendo su carita de “por favor ¿siiiii?, mira mi carita”.
Horas después bajo una pertinaz llovizna inicia esta experiencia.
Eran las 11:36 de la mañana cuando aborde un Metrobus en la parada de la Plaza 5 de Mayo. Desde el momento en que subí me percaté que algo andaba mal, el chofer del autobús me devolvió mi cambio y los buenos días... lo notaron, eso me dio miedo. Como eran pocas las personas que a esa hora estaban en la calle y con ese clima, pude rápidamente ubicar un asiento libre junto a la ventana, preparado para lo peor.
El autobus avanzó rápidamente sin embestir ningún taxi o a cualquier otro vehiculo. En pocos minutos llegamos a la esquina del Mercadito de Calidonia, una señora cargada en paquetes al ver venir el autobús empezó a agitar su paraguas desde la esquina, el autobús avanzó y como un relámpago la silueta de la señora de los cartuchos quedo atrás. Me tomó un momento asimilar que el autobús no para en las esquinas ni obstruye las intersecciones, el autobús para en las paradas. Y así lo hizo, paró justo en la siguiente parada señalada Mercadito de Calidonia, allí me esperaba otra sorpresa aterradora, las 6 personas que esperaban el autobús subieron haciendo una impecable fila... Lo notaron verdad, esto me dio más miedo.
Con muchos más de estos extraños e insólitos casos avanzó el viaje en el Metrobus, siguiendo la ruta se detuvo en la parada del Santo Tomas, luego se detuvo en la parada antes de la UDI, luego en la parada junto a la nueva Alianza Francesa, pasó sin detenerse en la esquina de Justo Arosemena y calle 47, luego se detuvo en la parada de Calle 47 cerca del Hotel Finisterra, otras dos personas subieron al autobús y bajando a Calle 50, dos o tres personas se quedaron con los brazos extendidos intentando detener el autobús en la esquina de la estación de combustible frente a Elite. No señores el autobús no se detiene en la parada que ustedes se inventen.
Igual sucedió en la esquina de Calle 50 con Vía Brasil donde todos se quedaron con la mano alzada y finalmente el bus se detuvo en la parada del IDAAN. Continuaba el viaje y mientras el autobús se detenía en las luces rojas, sí sí ellos respetan los semaforos, empecé a darme cuenta que, aunque el autobús iban varias personas de pie, no estábamos acalorados pues el aire acondicionado a 19 C mantenía un ambiente agradable y libre olores.
A las 12:22 de la tarde el autobús se detuvo en la parada de Especialidades Pediátricas en San Fernando, me baje del autobús aun sin creer que no había escuchado ninguno Top Ten ni de Reguee o Bachatita, tampoco tuve que agarrarme por mi vida ante un frenazo, tampoco sudé la gota gorda muriendo de calor dentro del bus, así como antes cuando todo se oscurecia ante mis ojos sin saber si me había dormido de cansancio o me desmayaba por la saturación de dióxido de carbono.
Abrí mi paraguas aun recordando como viajé sentado y tranquilito viendo la lluvia caer a través de una ventana, desde un puesto diseñado para adultos, dentro de un Metrobus.
En verdad es aterrador pensar que el mundo, o la Ciudad de Panamá, como la conocíamos, puede que empiece a cambiar para todo un pueblo que finalmente recibe un servicio de transporte digno.