jueves, 22 de octubre de 2009

Otro 23 de Octubre...

¿Cómo expresar en 400 palabras lo que significa perder 18 ciudadanos en un horrendo accidente?

No hay forma de describir la mezcla de sentimientos que van desde la tristeza, pasan por la impotencia y terminan en la ira, al ver como personas inocentes mueren sin razón. Víctimas del “poco importa” de transportistas, empresarios y hasta autoridades de transito que se supone tienen el deber de velar por la seguridad de los ciudadanos.

Hace un tiempo comente mi experiencia sobre la tragedia del 23 de octubre de 2006.

La pregunta que queda en el ambiente es:

¿Qué pasó después de todo aquello, ha cambiado algo?

La respuesta: NADA, nada ha pasado o cambiado en estos largos años. Todos recordamos las promesas y palabras de políticos, fiscales y autoridades de turno, hasta recuerdo a figuras de los medios de comunicación dándose golpes de pecho mientras decían “No descansare hasta que esto cambie, podrá pasar el tiempo pero esta será una cruzada contra la muerte de panameños inocentes”.

Pero, no es que no pasara nada, han pasado muchas cosas, lamentablemente muchísimas cosas desagradables y los ciudadanos siguen muriendo en “accidentes” de transito donde la causa principal es el manejo desordenado de transportistas, que ahora sabemos con certeza que a parte de ser descuidados, irrespetuosos y peligrosos, también consumen alcohol y sustancias ilícitas que explican el desenfreno con que conducen autobuses llenos de inocentes.

En lo personal me rompió el alma pasar la mañana del 14 de agosto frente a la entrada de la sala de emergencias del Hospital Santo Tomas y escuchar al señor David Ramírez, padre de una de las victimas de la tragedia del 23 de Octubre, decir con la voz quebrada por el dolor: “ESTO NO PUEDE CONTINUAR, ESTA VAINA SE TIENE QUE ACABAR”.

¿Cuánto más dolor puede aguantar un pueblo?

¿Cuántas promesas rotas pueden aceptar los ciudadanos comunes de parte de sus autoridades?

¿Cuántos 23 de octubre y 14 de agosto debemos vivir para decir “No Más”?

Para variar muchos dicen que la culpa de todo es del gobierno que no pone mano firme contra los transportistas, pero la pregunta es:

¿El presidente se sienta en un bus y viaja al trabajo con nosotros cada mañana?

¿Viajan con nosotros las otras autoridades responsables del transporte?

Nosotros los panameños “de a pie” somos quienes debemos velar por nuestra propia seguridad. El día que despertemos y nos demos cuenta que no somos ganado en un camión, que somos personas y clientes de un servicio público y exijamos nuestros derechos como tales, entonces ese día todo cambiara.

Galen M.